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title: "RIGI en papel, ¿Cuándo llegan los dólares?: la inversión real cae y preocupa al poder económico"
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description: "Los proyectos aprobados suman US$26.436 millones, pero no equivalen a capital ya desembolsado. La FBCF cayó 11,6% interanual y la encuesta de IDEA muestra una paradoja: 74% de los ejecutivos espera crecimiento, mientras la inversión sobre ventas bajó del 14% al 10%."
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date_published: "2026-08-18T07:53:00-03:00"
date_modified: "2026-08-18T07:54:07-03:00"
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# RIGI en papel, ¿Cuándo llegan los dólares?: la inversión real cae y preocupa al poder económico

![NOTA DOLARES](/download/multimedia.normal.8f33c24ee1f7b239.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)El Gobierno consiguió equilibrio fiscal, desaceleró la inflación y armó un régimen extraordinario para seducir grandes capitales. Firmó proyectos, anunció miles de millones de dólares y puso al RIGI en la vidriera del nuevo modelo. Pero empieza a aparecer una pregunta bastante menos sofisticada, casi digna de aquel personaje de Diego Capusotto: ¿y la lluvia de dólares? Porque cuando se sale del anuncio y se busca plata efectivamente invertida, la fotografía pierde brillo. La Formación Bruta de Capital Fijo cayó 11,6% interanual.

No es un detalle contable. La inversión debería convertir estabilización en crecimiento: máquinas, plantas, infraestructura, tecnología y capacidad productiva. Sin capital nuevo puede ordenarse la macro, pero resulta difícil construir la economía que viene después.

El RIGI es la gran apuesta oficial. Al cierre del primer trimestre acumulaba 12 proyectos aprobados por US$26.436 millones, con US$24.691 millones considerados activos computables. El problema está en la traducción: activos computables no significa dólares que ya ingresaron al país.

Allí pueden incluirse equipamiento, ingeniería, software, construcción y bienes de capital, incluso inversiones iniciadas antes de la adhesión formal al régimen. Economía tampoco dispone de una cifra consolidada que permita conocer cuánto del capital comprometido fue efectivamente ejecutado.

La concentración achica todavía más la foto. De los US$26.436 millones aprobados, US$15.156 millones corresponden a Southern Energy y US$2.900 millones a VMOS. Energía, minería y generación eléctrica concentran buena parte del volumen anunciado. Fuera de esos sectores, la lista se vuelve bastante más modesta.

**Mucho optimismo, menos plata sobre la mesa**

El contraste aparece entre los propios empresarios. La Encuesta de Expectativas de Ejecutivos de IDEA, realizada entre 218 directivos, encontró bastante optimismo: 74% espera crecimiento del PBI y 68% proyecta menor inflación. Pero apenas 43% prevé aumentar sus inversiones.

Hay un dato todavía más incómodo. Mientras las empresas que trabajan cerca de su capacidad máxima pasaron del 36% al 46%, la inversión anual como porcentaje de la facturación cayó del 14% al 10%. Traducido: entusiasmo hay; fondos crocantes, bastante menos.

Fausto Spotorno advirtió que todavía no observa grandes inversiones y que el empresario percibe que la actividad no termina de despegar. La excepción es energía, donde calcula un flujo anualizado cercano a US$12.000 millones. Parece enorme hasta compararlo con los aproximadamente US$120.000 millones anuales que, según estima, necesitaría invertir la economía argentina.

Vaca Muerta puede convertirse en una formidable fábrica de dólares sin resolver por sí sola la falta de inversión del resto del aparato productivo. Ese desacople empieza a inquietar: los empresarios pueden esperar crecimiento y celebrar una inflación descendente, pero invertir supone creer que habrá demanda y rentabilidad suficientes para recuperar el capital.

Alejandro "Topo" Rodríguez introduce justamente esa diferencia: una cosa son las inversiones anunciadas y otra las efectivamente realizadas. Su diagnóstico vincula la desinversión con la contracción de la demanda y la caída de la rentabilidad esperada.

El Gobierno puede ofrecer estabilidad, beneficios fiscales y garantías jurídicas. Todo eso importa. Lo que ningún decreto puede fabricar es la expectativa de vender.

Por eso los US$26.436 millones comprometidos por el RIGI son una señal, pero no todavía una lluvia de inversiones. Falta convertir anuncios en desembolsos, máquinas funcionando, proveedores contratados y nueva capacidad productiva.

La macro puede prometer que mañana será mejor. Los empresarios incluso pueden creerlo. Pero cuando llega la hora de abrir la billetera, la fe económica tiene una unidad de medida mucho menos romántica: **los dólares efectivamente puestos sobre la mesa.**

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