
Jorge Luis Borges murió en 1986, pero sus dos temas centrales siguen más vivas que nunca: el tiempo y el infinito. No escribió novelas largas ni poemas épicos. Escribió sobre lo que no se puede medir ni abarcar, y lo convirtió en literatura.






De mi tierna adolescencia A esta especie de alzheimer en que vivo.
Por las tormentas eternas Pasearé Tu voz de aurora o de abismo.
Y ya entrado en la vejez en que me adentro, me harás bailar como un niño por los bosques destronados Que me vieran fugitivo.
Por Ramiro Guzmán Zuluaga.










