


Los alimentos vuelven a presionar al bolsillo y los lácteos ya acumulan un alza del 4% en un mes
La desaceleración de la inflación continúa siendo el principal activo político del Gobierno de Javier Milei. Sin embargo, cuando la lupa se posa sobre la góndola, el escenario pierde parte del optimismo que reflejan los indicadores generales. Los alimentos volvieron a registrar aumentos durante la tercera semana de julio y reavivaron una preocupación que golpea directamente sobre el consumo de los sectores medios y trabajadores: el costo de llenar la heladera sigue avanzando por encima de lo que permite el bolsillo.
El último relevamiento de la consultora LCG registró una suba semanal del 0,3% en alimentos y bebidas luego de una semana sin variaciones. Aunque el dato quedó lejos del salto del 2,4% observado al comienzo del mes, confirmó que la estabilidad de precios en uno de los rubros más sensibles todavía dista de consolidarse. En las últimas cuatro semanas, la inflación de alimentos acumuló un incremento promedio del 1,9%.
Más allá del promedio, el dato relevante aparece al observar qué productos aumentan. Los aceites encabezaron las subas semanales con un incremento del 1,9%, seguidos por el rubro integrado por azúcar, miel, dulces y cacao, que avanzó un 1,7%. También crecieron los condimentos, las bebidas para consumo en el hogar, las carnes y los lácteos. Son categorías con fuerte presencia en el gasto cotidiano y cuya evolución termina condicionando las decisiones de consumo de millones de hogares.
La inflación baja, pero la mesa familiar sigue bajo presión
El comportamiento de los alimentos mantiene una lógica distinta a la del índice general de precios. Mientras el IPC logró perforar el 2% en junio, la inflación de los productos esenciales continúa mostrando resistencias que afectan especialmente a quienes destinan la mayor parte de sus ingresos a cubrir necesidades básicas.
Los datos de LCG reflejan con claridad esa situación. En las últimas cuatro semanas, los productos lácteos y los huevos lideraron los aumentos con un alza acumulada del 4%, seguidos por las carnes, que crecieron un 2,8%, y por los productos de panificación, cereales y pastas, con una suba del 2,6%.
Algunas bajas en verduras, frutas y comidas listas para consumir permitieron moderar el promedio general, pero no alteran la composición del gasto familiar. En la práctica, los productos que más peso tienen en la canasta cotidiana continúan mostrando aumentos sostenidos.
Ese comportamiento también tiene una lectura económica más amplia. La desaceleración inflacionaria pierde parte de su impacto positivo cuando los incrementos persisten en los bienes esenciales. Para una familia de ingresos medios o bajos, la inflación no se mide únicamente por el promedio del IPC. Se percibe cada vez que vuelve del supermercado con menos productos por el mismo dinero.
El desafío para el Gobierno ya no pasa solamente por seguir reduciendo el índice general de inflación. También deberá demostrar que esa estabilidad puede trasladarse a la economía doméstica, donde alimentos, carnes, lácteos y productos básicos siguen absorbiendo una porción creciente del ingreso disponible. Mientras esa brecha continúe, la sensación de alivio económico difícilmente llegue a la mesa de buena parte de los argentinos.


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