El hambre primero: en los barrios populares, tres de cada cuatro hogares no cubren sus gastos

Un relevamiento del Instituto Periferias muestra que el 57% señala al hambre y la pobreza como sus principales problemas. Casi seis de cada diez personas tienen deudas y el 42% pidió dinero para comprar comida. La radiografía coincide con la pérdida de empleo y poder adquisitivo registrada desde 2023.
Actualidad28/08/2026

NOTA 1 En los barrios populares argentinos la crisis ya no se mide solamente por cuánto aumentó un precio o cuánto rinde un ingreso. Se mide en una pregunta bastante más elemental: si alcanza para comer. Un relevamiento nacional del Instituto Periferias encontró que en tres de cada cuatro hogares el dinero no cubre los gastos básicos y que el hambre y la pobreza concentran, juntos, el 57% de las principales preocupaciones. No es una fotografía de la marginalidad extrema. Es el registro de familias que trabajan, hacen changas, venden, cuidan, construyen y sostienen como pueden una economía cotidiana cada vez más angosta.

El estudio, realizado durante los primeros días de agosto en barrios populares de todo el país, con excepción de la Ciudad de Buenos Aires, agrega un dato que ayuda a entender la profundidad del problema: casi seis de cada diez personas consultadas están endeudadas. Y el 42% de quienes pidieron dinero lo hicieron para comprar alimentos. La deuda, en ese universo, dejó de ser principalmente una herramienta para adelantar consumo. Se convirtió en un puente para llegar a la próxima comida.

La mitad de los hogares relevados atravesó al menos una situación en la que faltaron alimentos y siete de cada diez personas señalaron dificultades para acceder a una alimentación saludable y nutritiva. Para conseguir dinero, el 37% recurrió a tarjetas de crédito; después aparecen familiares, amigos y prestamistas particulares.

Cuando el crédito entra al almacén para financiar comida, la discusión sobre el sobreendeudamiento cambia de naturaleza. Ya no habla de una familia que gastó de más. Habla de ingresos que dejaron de alcanzar.

 

El trabajo se achica y el salario también

Ese deterioro tiene detrás otro movimiento, menos visible que una persiana que baja pero igual de concreto: la destrucción de empleo registrado. Un informe de investigadores de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y el CONICET contabiliza 337 mil puestos formales menos desde noviembre de 2023. De ellos, 241 mil correspondieron al sector privado, mientras el resto se distribuyó entre empleo público y trabajo en casas particulares.

El último dato disponible, correspondiente a mayo, mostró otras 7 mil bajas. Siete de trece sectores redujeron empleo durante el mes. Construcción cayó 0,5%; Comercio, Transporte e Industria retrocedieron 0,3%; e Intermediación Financiera, 0,2%. Del otro lado crecieron Agro y Pesca, con 0,5%, y Minería, con 0,3%, además de incrementos menores en algunas actividades.

La composición importa tanto como el número. Los sectores que mejor atraviesan el actual esquema económico reúnen alrededor del 10% del empleo registrado, mientras las actividades que pierden puestos concentran cerca de la mitad de los trabajadores formales. Petróleo, gas, minería y agro pueden generar dólares, inversiones y exportaciones. El problema aparece cuando esa expansión no alcanza para reemplazar los empleos que desaparecen en construcción, industria y comercio, actividades mucho más extendidas territorialmente.

También hay una geografía detrás de los números. Desde noviembre de 2023, Neuquén, Río Negro y San Juan aparecen como excepciones positivas, impulsadas por hidrocarburos y minería. En buena parte del resto del país, el escenario es otro. El desempleo pasó del 5,7% al 7,8%, mientras el crecimiento del monotributo amortiguó parcialmente el impacto estadístico. Tener alguna ocupación, además, no garantiza escapar de la fragilidad.

 

Cuando el ajuste entra a la casa

El salario completa la secuencia. Según el relevamiento de UBA y CONICET citado en la información base, el ingreso promedio registrado perdió más de 8% de capacidad de compra desde el comienzo de la actual administración. Entre los trabajadores públicos nacionales el retroceso alcanza 37%. En el sector privado registrado, la pérdida depende del índice utilizado: es de 3,6% con la medición vigente y se acercaría al 8% utilizando la nueva estructura de ponderaciones preparada por el INDEC.

Todavía más fuerte fue el deterioro del Salario Mínimo, Vital y Móvil, que perdió más del 40% de su poder adquisitivo desde noviembre de 2023. No es una cifra ornamental. El salario mínimo funciona como referencia para prestaciones por desempleo, becas, límites de embargo y distintos parámetros laborales. Su deterioro también reduce el piso desde el cual se discuten ingresos futuros.

Ahí se encuentran las dos fotografías. Una muestra la macroeconomía y sus sectores dinámicos. La otra entra a una casa donde alguien usa la tarjeta para comprar fideos, leche o carne porque el efectivo se terminó antes que el mes. No son mundos independientes. Cuando se pierden empleos, cae el salario y se vuelve más precario el trabajo, la consecuencia termina apareciendo en la mesa.

El Instituto Periferias registró además niveles elevados de ansiedad y tristeza vinculados con la falta de dinero y la dificultad para imaginar una salida. Cuatro de cada diez entrevistados dijeron que ellos o algún familiar perdieron durante el último año su principal fuente laboral. Por eso el hambre aparece primero entre sus preocupaciones, con 32%; la pobreza suma 25%; luego vienen inflación, inseguridad y recién después la falta de trabajo. Para muchos, el miedo a quedar afuera del empleo formal llegó tarde: ya están afuera.

La salida no cabe en una consigna. Requiere empleo, recuperación de ingresos, producción y una red pública capaz de sostener a quienes quedan debajo mientras la economía intenta crecer. Los barrios populares no están dando una clase de macroeconomía: están mostrando sus consecuencias. Y cuando una familia necesita endeudarse para comer, el dato deja de pertenecer a una planilla. Es una alarma encendida en la mesa.

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