Licencias laborales al 50% desatan paro y tensión política

El Gobierno coló a último momento un recorte salarial en licencias por enfermedad y accidente. La jugada desató un paro nacional sin movilización, abrió una grieta con aliados y activó el lobby del PRO para meter a Mercado Pago en el negocio de los sueldos. El Gobierno entra en errores no forzados.

Actualidad18/02/2026
NOTA LABORAL

Reforma laboral, licencias y poder en disputa

 

 

El poder tiene sus rituales. Algunos se anuncian con conferencia y otros se deslizan en la madrugada, cuando el cansancio baja defensas. Esta vez, la reforma laboral que el oficialismo quería presentar como la más profunda en medio siglo quedó atravesada por un artículo incorporado sobre la hora. El texto reduce hasta el 50 por ciento el salario durante licencias por enfermedad o accidente ajenos al trabajo. Lo que parecía un detalle técnico se convirtió en dinamita política.

La reacción fue quirúrgica. La CGT, que venía midiendo cada paso, convocó a un paro nacional para mañana con transporte paralizado pero sin movilización. Un gesto calculado: mostrar fuerza sin regalar imágenes de desborde. El peronismo, que en votaciones anteriores había exhibido fisuras, se alineó en bloque. La oposición dialoguista comenzó a pedir explicaciones. Y el oficialismo quedó atrapado entre sostener el texto o admitir que la redacción fue un error estratégico.

 

El cálculo y la ruptura

El nuevo esquema fija que, ante una enfermedad o accidente no vinculado a la tarea laboral, el trabajador cobraría el 50 por ciento del salario si la incapacidad derivara de una acción voluntaria y consciente que implicara riesgo. En otros casos, el 75 por ciento por un período determinado. La intención declarada fue limitar abusos y ordenar un sistema que, según el Ejecutivo, habilita distorsiones. El problema fue el método y el momento.

El artículo se incorporó mientras el debate avanzaba. Sin conversación previa con los actores que venían negociando. En el sindicalismo lo interpretaron como ruptura de acuerdos informales que todavía sostenían el diálogo. No es lo mismo discutir un cambio de frente que encontrarlo impreso en el dictamen final. La política es forma además de contenido. Y cuando la forma se altera, el contenido arde.

Federico Sturzenegger defendió el espíritu de la norma con un ejemplo deportivo que buscaba ser pedagógico. El efecto fue el contrario. Patricia Bullrich reconoció luego que fue un error no distinguir enfermedades graves de situaciones menores y prometió corregirlo en Diputados. Esa admisión abrió otro frente: cualquier modificación obliga a que el proyecto regrese al Senado, alterando el calendario que Javier Milei necesita para exhibir la reforma como bandera de gobernabilidad en la apertura del año legislativo.

Puertas adentro, el dilema es evidente. Milei quiere sostener el artículo porque retirarlo implicaría admitir improvisación. Pero así como está, es invotable para sectores que hasta ahora acompañaron al Ejecutivo. La UCR, bloques provinciales y parte del PRO dejaron trascender que no avalarán un recorte que pueda leerse como castigo al trabajador enfermo. El peronismo encontró un punto de cohesión inesperado. La CGT encontró un motivo concreto para activar el paro.

Además, especialistas en derecho laboral advierten que la redacción podría chocar con convenios internacionales de protección del trabajo suscriptos por la Argentina. La reforma que se promocionó como herramienta para reducir litigiosidad amenaza con abrir una nueva ola de judicialización. Un contrasentido que debilita la narrativa de previsibilidad y seguridad jurídica que el oficialismo busca instalar.

 

Aliados, lobby y agenda paralela

En este tablero nadie juega sólo una partida. El PRO aprovechó la fragilidad del momento para impulsar otra modificación: habilitar a las billeteras virtuales como vía alternativa para el pago de salarios. El argumento es libertad de elección y competencia. El trasfondo es claro: abrir un negocio hoy dominado por los bancos y beneficiar al ecosistema fintech encabezado por Mercado Pago.

La discusión sobre licencias se mezcló así con la disputa por el sistema de pagos. Mientras el oficialismo intenta evitar que el proyecto vuelva al Senado, sus aliados condicionan el apoyo a cambios que amplíen su propia agenda. La reforma laboral dejó de ser un bloque compacto y se convirtió en un paquete negociable, artículo por artículo.

El paro de mañana no es sólo una respuesta sindical. Es también un mensaje a la dirigencia política: los costos de subestimar una cláusula pueden ser altos. La CGT optó por un paro sin movilización para no quedar asociada al caos, pero con transporte detenido para garantizar impacto. El Gobierno necesita que la sesión en Diputados no se transforme en una derrota simbólica.

La escena tiene algo de thriller institucional. Un artículo incorporado a última hora, aliados que presionan, un bloque opositor que se unifica, ministros que ensayan explicaciones y un Presidente que apuesta a sostener el texto sin ceder terreno. En el fondo, la discusión excede el porcentaje de una licencia. Se trata de quién define el equilibrio entre capital y trabajo y bajo qué reglas.

La reforma que prometía ordenar la relación entre empleadores y trabajadores terminó exhibiendo la fragilidad de una estrategia que confundió velocidad con eficacia. En política, cada coma importa. Y cuando un artículo se vuelve símbolo, deja de ser técnico para convertirse en bandera. El oficialismo todavía puede recalcular. Pero si insiste en sostener lo invotable, el artículo de las licencias pasará a la historia no por lo que recorta, sino por lo que desató.

 

La inclusión nocturna del recorte salarial en licencias quebró acuerdos informales y unificó al peronismo en Diputados.


Mientras el Gobierno intenta evitar que el proyecto vuelva al Senado, el PRO presiona para habilitar a Mercado Pago como canal de pago de salarios y redefine el mapa de intereses.

 

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